Al igual que tú, yo también me tuve que enfrentar por primera vez al folio en blanco, al “Vale, quiero escribir, pero qué”.

La red de redes, o internet para los amigos, está llena de recursos (muchos de ellos gratuitos) que te pueden ayudar a dar el primer paso en aquello para lo que tengas interés. Si nos centramos en la escritura, te darás cuenta de la cantidad de webs, blogs y personas que comparten todo su conocimiento y toda clase de consejos.

¿Dónde está el problema? En la sobreinformación.

Hay que saber filtrar y sobre todo, tener paciencia para ir asimilando conceptos. Aprender a escribir es un proceso largo y duro (me ahorraré el chiste fálico) que muchos te compararán con un maratón. Yo diría que es más como un camino que no tiene fin. Nunca llegarás al final y lo bueno siempre será el recorrido, el proceso en sí.

Pero te diré un secreto, la fórmula mágica para aprender. Escribir se aprende escribiendo, no hay más.

Leer ayuda, y mucho. Leer sobre cómo escribir también lo hace. Pero si quieres aprender a conducir tendrás que ponerte al volante y rozar algunos coches al aparcar.

Si necesitas ayuda para empezar, un empujón que te saque a la salida de casilla (vaya con la dislexia) te voy a contar cómo empecé yo.

Mi primer relato fue el resultado de la participación en el taller de escritura que organizan cada mes en la web de Literautas. En este portal se dan cita aficionados a la escritura (algunos muy buenos), que quieren aprender a escribir a través de los retos propuestos, los consejos de la propia web y las opiniones de otros compañeros.

Como resultado de todo esto, nació un relato al que le puse de título 21:14 (no le di muchas vueltas, no. Ya hablaré otro día sobre los títulos) y que tenía como condición empezar con la frase “El sobre estaba vacío”. Los comentarios de los compañeros iban casi a fallo por línea, pero también hubo alguno positivo y eso me animó. Corregí los errores y me los apunté para poder hacerlo mejor la próxima vez.

De eso trata todo esto, de competir contigo mismo, no con los demás. De demostrarle a tu yo pasado que estás aprendiendo de sus errores y de paso ponerle las cosas difíciles a tu yo futuro para mejorar lo que estés escribiendo ahora.

Como verás, el relato no es nada del otro mundo, pero le tengo especial cariño por ser el primero de todos. Atrévete a empezar, verás que luego no podrás dejar de escribir.

21:14

 

El sobre estaba vacío. ¡Vacío! Tenía que ser un error. Lo miré fijamente mientras lo sujetaba con ambas manos. La euforia de hace un momento dio paso a un sudor frío que me recorría todo el cuerpo. Tardé unos segundos en reaccionar.
—¡Hijo de puta! —grité mientras arrugaba el sobre y lo lanzaba hacia la pared con toda mis fuerzas.
No tenía sentido. Bueno, sí lo tenía, pero nunca hubiera pensado que eso me podría pasar a mí.
«Calma» —pensé—. «Quizás todo tenga una explicación. A lo mejor el cabrón se está quedando conmigo y es sólo una broma pesada. Una broma sin pizca de gracia, eso sí».
Cogí el móvil y le llamé. Saltó el buzón de voz. Comprobé su estado de conexión en el Whatsapp: Última conexión: ayer a las 21:14. Eso tenía mala pinta. Muy mala pinta.
Decidí ir a buscarle directamente. A esas horas debería estar trabajando. «Seguro que lo encontraba allí sentado con una sonrisa de oreja a oreja al verme llegar. O estaba con todos los demás esperando para felicitarme y echarse unas risas a mi costa».
Me vestí rápidamente y salí de casa dando un portazo. Ni siquiera me molesté en cerrar la puerta con llave.

Sólo se tardaban diez minutos andando desde casa, tomándolo con calma. Pero yo no estaba calmado precisamente. El segundo semáforo de peatones con el que me topé se puso en rojo antes de que llegara a él y me detuve. Hubiera cruzado, pero la cantidad de coches era considerable y no quería jugármela por sólo unos minutos. Esperar me vino bien para sosegarme un poco y empecé a darle vueltas a la cabeza. Buscaba cualquier explicación que lo pudiera justificar:
«¿Y si se le ha olvidado sellarlo? Lleva haciéndolo años, todas las semanas, los mismos números… ¡Joder, es su trabajo, es lo que hace todos los putos días! Sería demasiada casualidad que justo ayer fuera el día que se le olvidara. Y si fuera eso ¿Por qué dejarme un sobre vacío? ¿Para ganar tiempo y que no me llamara la atención la ausencia del sobre esta mañana? Quizás se haya equivocado de sobre… Aunque ¿quién cerraría un sobre vacío?»

El semáforo se puso en verde y reanudé mi camino a toda prisa. Llegué en menos de cinco minutos. Al entrar me di cuenta de que no había apenas gente. Mala señal. No habría recibimiento sorpresa. Tras el mostrador estaba Marga atendiendo a un señor con una quiniela. Me acerqué.

—Hola, Marga. ¿Dónde está Jorge?
—¿Puedes esperar un momento? —me dijo— Estoy atendiendo a este señor.
—No, no puedo —dije subiendo el tono de voz—. ¿Dónde coño está Jorge?
—Disculpe un momento —le dijo Marga al hombre y se giró hacia mí.
—¡Vaya humos! No sé dónde está Jorge. No ha aparecido esta mañana y le tocaba abrir a él. ¿Tú tampoco sabes nada?
—Nada —contesté—. Sólo que cuando lo encuentre… ¡Me lo cargo!

Salí de allí sin saber qué hacer. Lo de calmarme estaba descartado. Decidí ir a su casa a probar suerte y de camino llamé a casa de sus padres para ahorrar tiempo. Contestó su madre:
—Hola, Pilar —saludé lo más educadamente que pude—, soy Carlos. ¿Sabes dónde está Jorge?
—Hola, Carlos. Pues casualmente ha llamado esta mañana desde el aeropuerto. Le ha surgido algo de última hora y…
Colgué.

Entré en el primer bar que vi y me pedí un whisky, doble.
Mientras esperaba a que me lo sirvieran empecé a verlo todo claro. Él sabía que el día anterior llegaría tarde a casa, lo dije en el grupo de WhatsApp: «No contéis esta noche conmigo, llegaré a casa a las mil». Todos los viernes me deja el sobre en el buzón a partir de las siete y media cuando sale del trabajo. Aunque si se va de cañas, me lo deja unas horas más tarde, de camino a su casa. Por entonces ya se sabría el resultado, porque el sorteo es a las nueve de la noche…
En ese momento llamó mi atención la televisión del bar, donde estaban dando las noticias. Mientras la periodista hablaba, el titular empezó a hervirme más la sangre:
…el único acertante se ha llevado un bote histórico de doscientos tres millones de Euros. Se desconoce quién ha sido la persona agraciada, sólo podemos confirmar que el boleto fue sellado en el madrileño barrio de Tetuán…
—¡Joder! Alguien de aquí del barrio —dijo el camarero mientras me servía el whisky—. Yo si fuera él, desaparecería con toda la pasta.
No me pude contener. Le solté un puñetazo en toda la cara.


 

Si prefieres leer el relato en tu dispositivo favorito, te lo puedes descargar en formato pdf desde aquí.

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